NOCHE CUARTA: “EL SECRETO DEL ALQUIMISTA”
Sumida en un sueño del cual no podía despertar, me encontraba sentada a la orilla de un rió en el cual flotaba solamente un pequeño bote, de las profundidades surgía el cuerpo inconciente de Raziel. Inmóvil observaba desde la orilla. Sentí una mirada, que asechaba por espalda, no podía moverme, cada vez estaba más cerca de mí, algo se acercaba… Antes de darme cuenta de quien o que se trataba, Raziel me despertó preocupado. Eran las cuatro con treinta y siete minutos, sin saber por que Raziel se encontraba en mi habitación alterada por aquel sueño, simplemente me aferre a el y trate de calmarme, haciéndome a la idea de que era solo un sueño gestionado por todo lo que había sucedido la noche anterior. Raziel me sostuvo fuertemente entre sus brazos, era realmente reconfortante y calido, a pesar de todo que se decía sobre los vampiros en las leyendas, sobre su piel fría y sus caras tan blancas como la nieve. Esas características eran típicas en mi familia, pero la sensación de calidez que sentía al abrazar a Raziel no era así, se sentía acogedor. Nos quedamos así largo rato, en silencio.
- ¿En que piensas? – Preguntó rompiendo el silencio.
- Pensaba… que habría pasado si no me despertabas… - Dije en respuesta, mientras me quedaba mirándole.
- Siempre estaré a tu lado.
Sin darnos cuanta ya eran las cinco de la madrugada, aun tenia sueño por los que volví a recostar, él se recostó rodeándome con sus brazos y caímos dormidos.
La alarma del móvil de Raziel sonó temprano por la mañana, a las 8: oo a.m. trate de despertar a Raziel, pero no funcionó, cogí el móvil del velado y lo apague, me levante, aun medio dormida y pude darme cuenta de que mis colmillos habían rasgado el cuello de la camisa de Raziel, entre bañarme y me vestí con unos simples vaqueros y una camisa, me senté en el borde de la cama y me percate de que Raziel se encontraba despierto. Se levanto con un sutil golpe y pude ver sus ojos sedientos de sangre, se me hacia difícil preguntarle si era sangre humana lo que tanto deseaba, por lo que guarde silencio mientras su mirada no dejaba que me moviese, le ofrecí una sonrisa a manera de responderle para que tomara mi sangre, Raziel posó sus colmillos sobre mi cuello, parecía acariciarlo suavemente, hasta que comenzó a beber mi sangre de una manera gentil.
Raziel se dirigió a tomar un baño, yo cubrí mi cuello con una gargantilla y abrí las ventanas esperando a que raziel terminara, me quede en la terraza pensando en que hacer ese día. Recordé rápidamente que le había pedido a mi hermana queme explicara algunas cosas. Baje rápidamente al despacho de Lila y entre sin anunciarme, comencé a preguntarle un montón de cosas sobre el tema de los vampiros, respondió gran parte de ellas, aunque obviaba algunas de las que eran difíciles de contestar tan a la ligera. Habiendo terminado de hablar, me dirigí nuevamente a mi habitación, entre cabizbaja y me tire en la cama, Raziel entro desde el balcón y se sentó a mi lado sin preguntarme nada, optamos por el silencio. Pasaron varios minutos hasta que finalmente ordene mis ideas, pensé – “ya que todo estaba claro, solo me quedaba aceptarlo” “ahora que se que soy todo estaría bien…” pero surgió en mi la duda de si iba a ser capaz de sobrellevar el peso de la vida eterna. Una de las explicaciones que me dio Lila tenia justamente relación con la vida de los vampiros, un vampiro detiene su tiempo cuando comienza a beber la sangre de otro sea humano o vampiro, su tiempo se detiene completamente. Antes de descubrir que era un vampiro, no recodaba muy bien el rostro de mi abuela, pero esa noche fui capas de recordarlo con claridad, un rostro joven y amable. Nadie quiso responderme por que había muerto y no iba a gastar mi tiempo en preguntar más de la cuenta.
Para mi el tiempo se había detenido, al igual que para Raziel. Desde ahora estaríamos juntos y eso nada ni nadie podía cambiarlo.
Reaccione entonces cuando pensé en lo que sucesión con Will en el baile. Si nosotros los vampiros existíamos, ¿que razón había para decir que cosas como los alquimistas y los magos no existían? lo medite una y otra ves. Saque mi chaqueta de cuero del armario cogí las llaves del auto de mamá, raziel iba tras de mi sin decir nada, nos dirigimos colina abajo hasta llegar a los pies de la ciudad y tome el camino hacia la tienda del señor Crewller. Bajamos del auto tan rápido como pudimos, entramos y sin siquiera dejar que Will hablara, le pedí que llamara a a su abuelo. El señor Crewller salio de detrás de las cortinas como si supiera que vendríamos, bajo las persianas de las vitrinas y coloco el cartel de cerrado en la puerta. Will nos invito a tomar asiento y sirvió unas tazas de te, el seño Crewller comenzó a hablar.
- Supongo querida niña, que ya debes haberte dado cuenta del mundo en el que naciste – dijo tomando un sorbo del te recién servido.
- Imagino, Señor Crewller, que ya debe saber a que he venido hoy – dije mientras alzaba la taza hacia mí.
- Pequeña, lo se muy bien – Se detuvo un momento – mi deber como el alquimista de la familia Vittoria ya ha terminado – Señalo a Will con la mirada – ahora es mi nieto quien debe encargarse de mi papel.
- William… - Lo mire de soslayo – ¿es el un alquimista?
- Oh! Por supuesto mi querida niña, y uno muy hábil debo decir – soltó una risotada mientras volvía a tomar de la taza de te.
- Jossete Lilliane Vittoria Lie Versache… - Will se detuvo frente a mi – en lugar de mi abuelo, seré yo quien sirva como alquimista a la familia Vittoria.
- No necesitas ser tan formal conmigo, Will – dibuje una sonrisa en mi rostro – Por cierto señor Crewller, quien asistió al baile, fue usted ¿no es así?
- Veo que te diste cuenta pequeña – el señor Crewller se levanto de su asiento y se encamino hacia su taller – Pero ya habiendo aclarado algunas cosas, podrás volver con la conciencia tranquila – nos miro sonriendo.
- Es cierto, es hora de irnos – mire a Will – a partir de la próxima semana asistiré a la universidad de Santa Esmeralda, espero puedas mostrarme los alrededores del campus – camine hacia la puerta.
- Procurare enseñarte el campus debidamente – dijo y se despidió.
Entramos en el auto, Raziel tomo mi mano y nos miramos un rato, me dirigí colina arriba hacia la casa principal, deje el auto en la entrada, subí a mi habitación a recoger mi espada y toque a la puerta de mi hermano. Necesitaba descargar la presión del día y le pedí que entrenara conmigo por unos momentos. Acepto sin preguntar nada.
En esos momentos seguía el ritmo de Kain a la perfección y sentía el sudo que corría por mis mejillas Raziel, sentado a tan solo unos metros, leía bajo las sombra de un árbol. Finalmente comencé a sentir el cansancio y el peso de mi cuerpo, solté mi espada y me deje caer sobre el césped, mi respiración estaba entrecortada y sentía como había dejado de preocuparme por todo lo que había pasado.
- ¿Ya te calmaste? – pregunto Raziel desde su lugar bajo el árbol.
- Podría decirse que si… - respondí mientras tomaba aire.
- ¿Estas segura de ir ala universidad? – volvió a preguntas sin sacar los ojos de su libro.
- Totalmente… ahora que entiendo todo, debo poder ser capaz de mezclarme con los humanos – me levante y senté junto a él.
- Entonces… ¿todo esta bien?
- Si… todo esta bien.
Me quede dormida sin darme cuenta, al rato desperté en mi habitación, Raziel dormía junto a mi sujetando mi mano. Volví a cerrar los ojos y me acerque un poco más hasta quedar protegida por sus brazos. Pero nuevamente quede sumergida en la oscuridad, una oscuridad que no se podía describir.
jueves, 24 de septiembre de 2009
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